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La Limpieza de los Recuerdos (The Cleansing of the Memories) Geoffrey Bingham
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Los recuerdos constituyen algo masivo. Gordon, en su libro Miracle on the River Kwai, dice que los torturadores japoneses de los prisioneros de guerra buscaron destruir los recuerdos de sus cautivos. Él tiene un pasaje notable en el cual dice que los hombres, desprovistos de sus recuerdos, se convirtieron en zombies. Yo mismo, habiendo sido un prisionero de guerra, aunque no en condiciones tan terribles como las del campo de concentración cerca del río Kwai, sé las cosas extrañas que pasan en relación con los recuerdos. Me gustaría describir un principio que descubrí cuando era prisionero (sí bien, ello no sucedió conscientemente). Mirando hacia los años pasados me di cuenta un día, que nuestras mentes hacen cosas extrañas (si no siempre cosas maravillosas) con relación a los recuerdos. Poco después de mi encarcelación en el campo de prisioneros de guerra Changi, comenzó un rumor acerca de un barco hospital de los aliados que vendría a Singapur para llevarse a los prisioneros gravemente heridos. Siendo yo uno de estos, estaba encantado, y no podía dormir la noche del rumor. Mi mente estaba llena con una gran cantidad de recuerdos, la mayoría placenteros. Estaba fascinado por el regreso a mi mente de muchas cosas que prácticamente había olvidado. Me di cuenta, casi en estado de shock, de que había parcialmente borrado esos maravillosos recuerdos porque contrastaban en forma tan notoria y dolorosa con nuestras condiciones actuales. Ahora no sólo los podía permitir, sino que podía deleitarme positivamente en ellos. Los días pasaron y fue obvio que esto era solo un rumor. La desilusión de los hombres heridos fue muy grande. Nos pusimos cautelosos y escépticos con ese tipo de rumores. Luego, más tarde, cuando supimos sin duda alguna que íbamos a ser liberados y enviados a casa, nuestro gozo no tuvo límites. Los recuerdos comenzaron a fluir de nuevo. Estaba sorprendido de la precisión de los detalles que podía recordar desde que era pequeño. Pasaba horas deleitándome en el pasado. Parecía que cualquiera con un pasado como ése tendría un futuro maravilloso. No es posible erradicar el pasado. El recuerdo es un don maravilloso. Cualquiera que ha sufrido amnesia, olvido del pasado, o un blanqueamiento de la memoria, sabrá de la naturaleza dolorosa del pasado que se borra. Algunos de nosotros hemos sufrido amnesia temporal, y lo encontramos incómodo, e inconveniente. Tal vez, como lo dije antes, inconscientemente usamos esto como una forma de protegernos de recuerdos demasiados difíciles de mantener, pero con el largo camino recorrido yo creo que deseamos recordar el pasado, sin importar el dolor que pueda causar. Nosotros pertenecemos al pasado, como él a nosotros. El propósito de este pequeño libro no es hacer un estudio psicológico, ni antropológico, del recuerdo, sino simplemente enfatizar el gozo de ser hombres y mujeres sin malos recuerdos. Millones son atormentados por su pasado, y darían cualquiera cosa por ser liberados de tales recuerdos. Si tuviéramos algún aparato psicológico o mágico con el cual se pudiera borrar los recuerdos dolorosos, y fortalecer los buenos, entonces la persona capaz de causar tal estado parecería poseer un poder de gran riqueza para la raza humana. Todavía nadie ha sido capaz de lograr esto. Hasta este punto de la historia podemos ayudar a otros a sedarse para que los recuerdos no se sientan tanto, y tal vez con ciertas técnicas psicológicas tales como la abreacción (liberación de una emoción o complejo reprimido), podemos hacer que nuestra mente rechace mucho del pasado, aunque inevitablemente él que sufre, aunque sea un poco, es asaltado por persistentes recuerdos. Incluso, aún un lavado de cerebro pierde su efecto después de algún tiempo. El olvido ha sido por mucho tiempo un sueño de la raza humana. Keats habla de la tendencia hacia la falta de sentido que una droga puede inducir. Hamlet habla de lo que podría pasar cuando "nos alejamos del tumulto de la vida", y dice, "¡libres para soñar!" como si un estado soñoliento fuese mejor que esta vida presente y dolorosa. Luego agrega con consternación, "¡Soñar! Ah, ¡allí yace la dificultad!". Él realmente está diciendo, "No hay escape de los recuerdos, ni siquiera en el mas allá''. Él ve, como muchos otros, el "tiempo mas allá del tiempo" como un lugar donde los recuerdos nos vuelven a visitar incesantemente, de tal manera que nuestro estado final es peor que el primero. Hoy hay terapias que nos llaman a olvidar el pasado. 'Deja atrás su pasado,' dicen, 'Hoy es hoy. Los recuerdos son quimeras. Ellos no tienen poder sobre usted. Comience una nueva vida en este momento.' Tales consejos suenan maravillosos, y muchos que los han escuchado han sido renovados con esta sana actitud. Sin duda uno debe mantener esta actitud mental siempre, porque los recuerdos aparecen repentinamente y nos enfrentan. Algún gesto, algún tono de voz, alguna asociación espontánea nos traerá recuerdos a nuestras mentes sin advertencia. Entonces, de nuevo, tenemos que rechazar el pasado. En un sentido, el rechazo del recuerdo es un asunto de fe. Es más, debe ser casi una religión. Otros han encontrado una maravillosa liberación al hacer las pases con su pasado. En una terapia se les pide asumir la responsabilidad por cada decisión que hayan tomado en la vida, y no poner esa responsabilidad en otros. Esto, también, ha dado gran descanso y, como la terapia ya mencionada, necesita ser establecida con una actitud persistente, o uno comenzará a culpar a otros, nuevamente, por las cosas del pasado. El recuerdo y la culpa humana. Dado el valor de muchos de estos tratamientos, aún tenemos que enfrentar el hecho de que somos personas culpables. En forma general podemos decir que esa culpa puede tomar dos formas. Lo primero es que tenemos una culpa personal por no ser el tipo de personas que deberíamos ser. Creemos que si nos hubiéramos esforzado más, podríamos haber vivido mejor. Simplemente no vivimos mejor, y, por alguna razón u otra, nos sentimos culpables por haber fallado en ser verdaderamente buenos. De nuevo, sabemos que hemos actuado equivocadamente, o fallado en hacer las cosas bien, así es que llevamos culpas objetivas por estas cosas. Algunas personas sienten sus culpas profundamente, incluso llegan al estado de morbosidad. En lenguaje moderno diríamos que incluso ellos pueden ser conducidos a estados neuróticos y sicópatas debido a tales culpas. La culpa de no ser completamente bueno, y la culpa de las fallas se combinan para producir estados terribles en los seres humanos. Todos encontramos, de vez en cuando, que estamos gastando mucha, si no toda nuestra vida tratando de probarnos, justificarnos, y vindicarnos como personas. Por la naturaleza del caso no podemos triunfar, y así la vida llega a ser muy dolorosa. ¡Oh! ¡Si solo pudiésemos borrar el pasado, y ser libres de nuestras fallas! Algunos terapeutas buscan sanar de culpa a hombres y mujeres. Ellos dicen que nosotros somos nuestros peores enemigos, nuestros más poderosos e hirientes acusadores. Ellos dicen que nuestra culpa es puramente subjetiva, y no objetiva. Explican que las leyes no son de naturaleza permanente, vale decir, ontológicas. Las leyes (aquí no está refiriéndose a las leyes de la naturaleza, sino a las leyes y decretos humanos) no son la esencia de las cosas. Ellas son sucesos temporales para mantener cierto tipo de orden en la sociedad, y ya que ellas son creación humana, no deberíamos sentirnos culpables cuando las infringimos. Si bien algunas personas llegan a ser excesivamente legalistas, y así mórbidamente arrepentidas, en general los seres humanos consideran positiva la ley ¡aunque no siempre la cumplen! La conciencia es un factor existente demasiado poderoso para ser subyugada, y demasiado peligrosa para jugar con ella. Otros terapeutas bien intencionados sugieren que nosotros debiéramos perdonarnos a nosotros mismos. 'Tú eres tu peor enemigo', dicen ellos, 'porque no te perdonas a ti mismo.' Yo siempre he encontrado que la idea de ser perdonador de uno mismo es un asunto extraño. Me parece que están diciendo que tengo un "yo" dividido, una parte capaz de perdonar a la otra. Francamente pienso que nosotros tomamos el lugar de Dios en esa parte, ¡como si Él pronunciase perdón a la otra parte de nuestro ser! Tengo la certeza de que, por la naturaleza del caso, el perdón de uno mismo es una absoluta imposibilidad. Nunca podremos ser mayores que nuestras conciencias, y no podemos subyugar con éxito la culpa que produce el fallar, y el cometer errores y pecados. Sugiero que nosotros hemos desestimado a la culpa, y erramos en entender sus dinámicas internas. |
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