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Geoffrey Bingham

 

La Limpieza de los Recuerdos
(The Cleansing of the Memories)

Geoffrey Bingham

 

El revivir el pasado con el propósito de derrotarlo.

Debemos admirar la persistencia de la raza humana en su esfuerzo para traer sanidad a sus miembros. Se ha dicho que la industria médica es el gigante de todas las industrias, sobrepasando por mucho a otras. Se ha dicho también que la medicina es una profesión que se perpetúa a sí misma y se agranda a sí misma. Sin duda esto es verdad, porque el temor a la enfermedad y a la muerte contribuye al interés incesante que tienen las personas respecto a su salud. Sin duda, también, el camino del hombre hacia la perfección, sus esfuerzos para mantenerse a sí mismo ordenado y en buenas condiciones, atestiguan lo que podríamos llamar su culpa existencial, vale decir su desagrado por ser imperfecto en un mundo funcional. No importa como se llama. La cosa es que el hombre se preocupa constantemente con sanarse.

Algunos sostienen la idea de que si somos capaces de enfrentar nuestro pasado, revivir los recuerdos que nos provocan inquietud, y confrontarlos, entonces seremos libres de ellos. Algunos analistas insisten en que nosotros sepultamos nuestros recuerdos tan profundamente como sea posible para que ellos no nos encaren. Esto podría ser verdad. En ese caso, dicen los analistas, debemos desenterrar estos recuerdos y traerlos a la luz del día y al escrutinio sensato humano para terminar con ellos. Puede haber muchos casos donde esto ha funcionado, y los pacientes han recibido algún alivio. Tendríamos que estar de acuerdo con que algunos recuerdos son tan dolorosos que desenterrarlos sería una tarea difícil. Tal vez necesitamos investigar más para saber si esto es realmente bueno, y si puede o no aumentar nuestro sentimiento de culpa y fracaso cuando - por decirlo así - revivimos las experiencias pasadas. ¿Es posible que su entierro sea una forma de autoprotección de algún valor?

La pregunta para nosotros es si tal práctica tiene una esencia cristiana, vale decir, si es que es una práctica bíblica, o de otra manera, ¿Está de acuerdo con el evangelio? Para quienes no son cristianos - que sean terapeutas o pacientes - la pregunta de si es una práctica bíblica o no nunca surge. Sólo nosotros enfrentamos esta pregunta como cristianos. Aún así no estamos en condiciones de rechazar los buenos frutos de la así llamada investigación secular. Los cristianos están felices de ser sanados con la práctica médica aunque no se llama a sí misma 'cristiana'. De este modo son libres de usar los conocimientos de cualquier terapia que no niegue la verdad de Dios.

Sin embargo tenemos que preguntar ¿qué garantía tenemos de tratar el pasado que fue revivido, y en particular a tratar la cuestión de su culpa? Con el objeto de discutir esto nos vamos a referir al aspecto de la responsabilidad. Esto es, ¿somos responsables de todas las decisiones que hemos tomado, hayan sido sabias o necias, buenas o malas? La respuesta debe ser con certeza, ¡Sí! Si bien admitimos que la influencia de la crianza paterna, nuestra educación, elementos hereditarios, y lo relacionado con las circunstancias pueden habernos influenciado hacia ciertas decisiones, aún así somos responsables de todas esas decisiones. Si no lo somos, entonces significa que el hombre está cerca de ser un 'corcho en el océano', vale decir, llevado para allá y para acá por los elementos que hemos mencionado. Por supuesto nosotros buscamos cargar a otros con nuestras responsabilidades, pero por la naturaleza del caso no podemos tener éxito. ¡Nuestra propia conciencia no nos dejará libarnos de este anzuelo!

Si entonces continuamos la cuestión de revivir el recuerdo o escarbar en las experiencias pasadas, podríamos de hecho aumentar nuestro sentimiento de culpa. No podemos - por supuesto - aumentar nuestra culpa, ni tampoco disminuirla. Permanece objetivamente real, ya sea que lo sintamos profundamente o no. Cualquiera sea el valor de la sicología que busca llegar muy profundo, revivir el pasado sólo renueva nuestra confrontación con nuestra culpa.

Compasión errónea hacia el mal tratado.

Algunos terapeutas, en su compasión humana dejan que su amor fluya en la gente que ha sido muy impactada y herida en el pasado. Ellos las miran como víctimas de una crianza paterna errónea, las fallas que vienen con la herencia, las situaciones crueles que vienen sobre la humanidad, y los ambientes adversos en los cuales algunos han tenido que vivir. Cuando ellos comunican su compasión y empatía ayudan a la persona herida a descargar sus culpas sobre estos elementos adversos. Quitan de la persona todo sentido de responsabilidad por las decisiones tomadas. De este modo levantan una muralla que contendrá a la - así llamada - víctima de sus penas, heridas y rarezas. Si la persona no toma alguna responsabilidad por las reacciones a estos elementos, pues escapar de ellos es imposible.

Es indudable que algunos niños, - y ya que estamos en esto, también algunos adultos - han enfrentados de vez en cuando a experiencias terribles. Aún así - no importa cuan chocante haya sido el suceso - es la reacción a este acontecimiento la que puede destruir a la persona afectada. Si se produce ira, compasión de sí mismo y odio, entonces la persona está atada con estas cargas invencibles. Si la persona responde con amor, perdón, e incluso interés por aquel que ha cometido la maldad, entonces termina en liberación. Para la primera, el recuerdo de sucesos dolorosos renueva la ira y la compasión de sí mismo; para la segunda no es un asunto doloroso. Ese ha descubierto, y usado, las profundidades del gran océano del amor de Dios.

Solo el poder divino derrota los recuerdos de culpabilidad en el hombre.

La culpa del hombre es básicamente objetiva. Si ha violado, robado o asesinado, entonces es culpable del acto que él ha cometido. Si no ha hecho nada malo entonces no es culpable. Hemos visto que algunos seres humanos tienen un mórbido sentimiento de culpa y que otros se endurecen contra cualquier sentimiento de culpa - ese sentimiento de culpa no es una verdadera medida de la culpa humana. Nadie en este mundo puede disolver la culpa del hombre. El hebreo nunca pensó en el pecado sin pensar en la 'culpa del pecado'. Tampoco habría separado ambas cosas. Él sabía que el pecado es un poderoso factor de desplazamiento en el hombre, y el pecado está acompañado por la culpa existencial mencionada al principio en nuestro ensayo, vale decir, la culpa de no ser nosotros mismos en relación con Dios y a Su creación verdadera.

El hombre no puede traer sus pecados al presente, porque él mismo los ha cometido. No los puede borrar, porque eso es imposible. A pesar de todos sus esfuerzos él no puede tener una 'buena autoimagen' porque él se ha alejado de la imagen completa de Dios con la que fue creado. Necesita un milagro (i) para borrar la culpa de sus pecados, y (ii) para restaurar el sentido de ser plenamente un ser humano.

Cuando decimos que el poder de Dios puede borrar la culpa del pecado, y restaurar al hombre para llevar una vida gozosa, tenemos que tener cuidado de no pensar en Dios como en alguien que tiene grandes reservas de poder, de tal manera que con el simple hecho de pensarlo él puede desvanecer la culpa del pecado y la culpa existencial. Debe haber algo mucho mejor que esto. Ese algo - o alguien - era, y es, Jesucristo. ¿Cómo es entonces, que Dios borra la culpa y drena la memoria humana de su contenido doloroso y acusador? ¿Cómo para el proceso en que la culpa provoca más pecado; en que el pecado agrava la culpa; y ambos aumentan el desplazamiento, la dislocación y la desesperanza humana? ¿Cómo se aparta de los hombres la carga de la culpa, de la vergüenza de la contaminación moral, y de la nauseabunda realidad del error humano? La respuesta es, 'por medio de Cristo'.

Dios cambia el pasado y así transforma el futuro.

Simplemente decimos, y con reverencia, no hay 'perdón así no más' con Dios. Vale decir que Dios no puede simplemente declarar que el hombre está perdonado y justificado. Podemos pensar que Dios tiene tal poder, pero en un sentido no lo tiene. Declarar que nuestro perdón y justificación son por sobre el pecado humano y por sobre nuestra infracción de la ley, es tratar a la Ley de Dios de necia. Es tratar de profanos a Sus preceptos. Reduce toda la moralidad a la nada, y la estructura del universo moral a algo sin sentido. ¡Dios no puede hacer eso! Entonces, ¿qué puede hacer?

La respuesta está en Romanos 8:1-3:

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte. Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne.

¿Qué quiere decir 'por el pecado'? ¿Significa 'con relación al pecado'? Ciertamente, no quiere decir 'en representación del pecado' porque fue en representación del hombre. 'Condenó al pecado' quiere decir que 'juzgó al pecado', vale decir lo llevó a juicio y ejecutó el juicio. Dios hizo esto 'en semejanza de carne de pecado', vale decir en la carne de Cristo al colgar su cuerpo en la Cruz. Dios estableció su tribunal y llevó al pecado a juicio, y puso fin a su culpa y su poder. Es de este hecho que la iglesia de Cristo ha cantado por casi dos mil años.

Hay otras declaraciones del Nuevo Testamento; todas se originan en las profecías del Antiguo Testamento. Pablo dice, Dios "le hizo (a Jesús) pecado por nosotros para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él". Dice en otra parte, "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque esta escrito, 'Maldito todo el que cuelga de un madero')". Esto se parece al lamento de Isaías, "Con los transgresores fue contado". Aún mas, Pablo dice que Dios lo puso como propiciación por su sangre. Levítico 17:11 dice, "La vida de la carne está en la sangre". También dice, "Yo (Dios) os la he dado sobre el altar para hacer expiación por vuestras almas; porque es la sangre, por razón de la vida, la que hace expiación." La maldición y la culpa - especialmente por no cumplir la ley de Dios - están enlazadas con la idea de la propiciación, porque esa es la única ofrenda aceptable ante los ojos de Dios por la violación cometida a su eterna santidad por el pecado del hombre. La conciencia exige tanta propiciación como la que Dios demanda, y no dejará libre al hombre hasta que haya una propiciación pura, vale decir una ofrenda viviente, santa y aceptable a Dios.

El apóstol Juan también habla de la propiciación, diciendo que el amor de Dios es mostrado primera y completamente en su ofrenda, porque "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados." Pedro agrega, sabiendo que fueron rescatados "con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo". El autor del libro de Apocalipsis habla de Cristo como Él "que nos amó y nos libertó de nuestros pecados con su sangre".

Entonces, ¿a qué nos lleva todo esto?

 La derrota absoluta del pecado: La limpieza de nuestro pasado

 

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