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Geoffrey Bingham

La Limpieza de los Recuerdos
(The Cleansing of the Memories)

Geoffrey Bingham

La derrota absoluta del pecado: La limpieza de nuestro pasado

Lo que ocurrió en la Cruz, y fue confirmado, sellado, y hecho real por la resurrección ha cambiado el curso de la historia. Cuando el autor de Hebreos escribe, "Después de llevar a cabo la purificación de los pecados...", está diciendo que en la Cruz, Cristo sacó la contaminación del hombre, la que David, Isaías, y Jeremías llaman 'la culpa del pecado' (Sal 32:5; Isa. 6:7; Jer. 33:8). A Pablo se le dijo, 'Levántate, y bautízate, y lava tus pecados', y luego él les dice a los Corintios, "pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados." El autor de Hebreos afirma,... "¿Cuanto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?" 'Obras muertas' son los pecados del hombre. Así, de este modo, el hombre es completamente purificado. El escritor de Hebreos continúa exhortando a sus lectores, "acerquémonos con corazón sincero en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura.," lo que se aproxima a lo de Pedro "una petición a Dios de una buena conciencia," y "puesto que en obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas" vale decir, creyendo en el Evangelio.

El perdón y la limpieza de los pecados son ambos acciones de Dios. En Hechos 15:9 Pedro dice que los gentiles que creen en Cristo son ahora personas puras porque Dios purificó "por la fe sus corazones." Todo esta cuestión de la limpieza es para nosotros, tal vez, la cosa más importante de todas. Significa que a través de la Cruz nuestros pecados han sido completamente purificados. Si esto es así entonces nuestros pecados no tienen ninguna relación con nosotros. Hemos sido completamente limpiados de ellos.

¿No será acaso esto demasiado bueno para ser verdad? La promesa de Dios a Su pueblo, a través del profeta Isaías, fue:

Venid ahora, y razonemos

-dice el Señor-

aunque vuestros pecados sean como la grana,

como la nieve serán emblanquecidos;

aunque sean rojos como el carmesí,

como blanca lana quedarán.

(Isaías 1:18)

Isaías está diciendo, 'Sus mismísimos pecados serán total- y absolutamente purificados hasta que dejen de ser malos.' Siendo esto así, los pecados de nuestro pasado no pueden venir a acusarnos, ¡porque han sido purificados! Esto está de acuerdo con la promesa de Dios en Ezequiel, que dice "Entonces os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré ..... y os libraré de todas vuestras inmundicias" (Ez 36: 25, 29)

Todo esto significa que cuando en la Cruz Cristo fue "hecho pecado por nosotros", Él tomó toda nuestra impureza, la culpa por la maldad, la contaminación moral de nuestro ser y de nuestras acciones, y nos purificó completamente, como con un detergente santo. Ningún pecado del pasado puede venir en contra nuestra porque hemos sido purificados por la muerte de la Cruz y la resurrección de Cristo (Rom. 4:25; I Ped. 3:21). La sangre de Cristo ha purificado nuestras conciencias de obras muertas. Nadie, jamás, necesitará visitar nuestros recuerdos para desenterrarlos, y nadie jamás debería intentar reciclarlos a través de alguna técnica que tenga para purificar el pasado, porque ya ha sido purificado y hemos sido librados de aquellos recuerdos tenebrosos.

La Santa amnesia de Dios.

El escritor de Hebreos a menudo se refiere al pasaje de Jeremías 31:31-34, al cual Jesús se refirió en la Última Cena de la noche en la que fue traicionado, cuando él dijo, "Esta es la sangre del nuevo pacto (o, el nuevo pacto en mi sangre) la cual es derramada por muchos". El pasaje es el siguiente:

"He aquí, vienen días- declara el Señor- en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto, no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos- declara el Señor;

porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días- declara el Señor-. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y no tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciendo: "Conoce al Señor", porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande- declara el Señor- pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado."

Dios dice, " perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado." Podemos llamarle a esto 'El olvido Divino', vale decir 'amnesia santa', pero más correctamente 'el "No recuerdo" Divino'. ¡Dios se rehúsa a recordar nuestros pecados! Entonces si Dios rehusa recordar nuestros pecados, ¿porque nosotros debiéramos recordarlos? Tendríamos que elegir hacerlo así, ya que Él nos ha dicho que no los recuerda. Entonces, ¿qué sacamos en claro de todo esto?

No hay pecados para recordar.

Por supuesto que hemos pecado. También pecamos hoy y seguiremos pecando mañana. ¿Estamos simplemente haciendo algo de 'pensamiento positivo' en cuanto al asunto? ¿Estamos acaso diciendo, 'Si decido decir que mis pecados serán borrados para siempre, junto con su culpa, entonces responderán a mi borrado mental y se irán'? ¡Nada de eso! Nuestras conciencias pronto nos harán entrar en razón y nos harán ver de nuevo nuestros pecados. La conciencia nunca deja a alguien librarse del anzuelo. ¿Qué estamos diciendo entonces? Estamos diciendo que Dios, a través de Cristo, ha limpiado nuestros pecados, hasta su extinción, y todo el poder de su culpa, el castigo y la contaminación han sido borrados. En otras palabras, ¡no hay pecados que recordar! Dios no solo ha ignorado nuestros pecados. ¡Él los ha destruido, para siempre! Son como si nunca hubiesen existido, lo que es realmente el significado técnico de la justificación.

Por supuesto, de vez en cuando, recordaremos los pecados que una vez cometimos, pero no debemos hacerlos regresar para recuperar su sustancia. Dios los ha desprovisto de sustancia, de culpa, de poder y de contaminación. Si ellos son recordados, entonces con fe en la cruz debemos decir, 'si bien ustedes representan los pecados que cometí, no tienen existencia concreta. Dios los ha limpiado, purificado, y se ha llevado lejos la culpa que los acompañaba. Uds. son solo fantasmas del pasado que han regresado para atraparme a través de las acusaciones de Satanás y sus huestes, pero Uds. no tienen existencia concreta. Yo rehúso dejar que tengan importancia. ¡Váyanse!'

Esto significa, entonces, que Dios estuvo en el banco de datos de nuestros recuerdos y ha dejado todo en orden, llevándose la acusación del pecado, y así de este modo dejando los recuerdos en la tranquilidad de la pureza.

El Poder del Espíritu Santo aplica la expiación.

Pablo dijo a los Corintios que muchos de ellos habían sido idólatras, adúlteros, homosexuales, alcohólicos, glotones, ladrones y agrega, "Pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados", agregando, "en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios" (I Cor, 6:9-11). Con esto Él quiere decir que Cristo ha efectuado purificación, santificación y justificación en su muerte y resurrección, pero es el Espíritu Santo que ha aplicado la obra de la Cruz a la mente, corazón, alma, y espíritu del hombre creyente. En otro lugar Pablo dijo, "Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte" (Rom. 8:2). Alguien dijo - en lenguaje pictórico - 'Cristo derramó su sangre, y el Espíritu la aplica', lo cual es una manera de decir que sin el Espíritu Santo la gran obra de expiación queda sin aplicación en la vida del hombre.

En otras palabras el hombre no puede experimentar en forma efectiva la limpieza de sus pecados sin la obra del Espíritu Santo. Esto es confirmado en muchos pasajes del Nuevo Testamento (tales como Hechos 10:36-44 con 11:18; II Cor. 3:6,17; Gal. 4:4-6).

Conociendo Continuamente la Limpieza de los Recuerdos por medio de la Fe y el Espíritu Santo.

Deberíamos enfatizar nuevamente que Dios de una vez por todas limpió nuestros pecados, y no sólo nuestros recuerdos. Tenemos recuerdos limpios porque nuestros pecados han sido limpiados. Esto continuará siendo así, sea que lo sintamos o no. Cada día tenemos que vivir por fe en la gracia de Dios. Esa gracia de Dios siempre es previa a nuestra fe en Él y en Su obra. De cierto tenemos que caminar por fe, porque todavía no vemos. Cuando caminamos en el Espíritu y somos guiados por Él, entonces viviremos una fe que funciona (Rom. 8:14, Gal. 5:16-26). Seguimos siendo llenos del Espíritu (Efes. 5:18) y así continuamos por fe creyendo en la obra efectiva de la Cruz. No nos sometemos a nadie para que se encargue de nuestros recuerdos.

Lo que debemos entender es que no es nuestra fe que mantiene limpios nuestros recuerdos, sino que es la fe que da la certeza del hecho de que han sido limpiados de una vez por todas. El Espíritu mantiene esta realidad viva y nos la renueva. Así, este es el diario camino práctico de ser libres de la dominación de los recuerdos del pasado.

Elementos asociativos y consecuentes de los recuerdos.

Estamos hechos de tal manera que nuestros recuerdos están enlazados con ciertos elementos tales como la vista, el sonido, el tacto, el olfato y numerosas cosas similares. Un recuerdo, aunque no es invitado, regresará como un relámpago hacia nosotros. Podemos vernos confrontados con un recuerdo, por así decirlo, antes de que podamos estar en guardia. Lo que en un principio estuvo asociado con el evento que ahora recordamos, tal como el dolor, la herida, la rabia, la desilusión, el orgullo roto, puede ahora parecer tener un impacto y reacción inmediato en el recipiente. Sin embargo, si así ocurre, después del primer impacto, la fe tiene que ser puesta a trabajar, para neutralizar el impacto. ¡Los pecados pasados, los errores y recuerdos no tienen que ser recuerdos acusadores de nuestra pecaminosidad, sino recordatorios poderosos de que han sido cubiertos por la gracia y el amor de Dios! En este caso, y con esta forma de pensar el asunto, podemos ganar con estos recordatorios, en vez de dejar que nos depriman.

Algunas personas, en lo que parece ser el último freno que queda en contra de la gracia del perdón y la limpieza, hablan de las consecuencias del pecado. Debemos reconocer que las consecuencias del pecado están presentes, y algunas de ellas son terribles. La violación, el asesinato y el falso testimonio, por nombrar algunos de los pecados más dramáticos, inevitablemente traerán consecuencias. Debemos dejar las consecuencias en las manos de Dios. Él hace su voluntad en todas las cosas para el bien de aquellos que le aman, y aunque muchas de las cosas no son buenas en sí mismas, Él puede sacar bien de ellas. Allí debemos dejar el asunto. Por supuesto en los casos en que podamos restituir y compensar deberíamos así hacerlo, pero mantenernos aferrados a nuestros pecados porque ellos traen malas consecuencias es solo un asunto de ira y de orgullo diabólico, porque rechaza la gracia que está disponible para la persona responsable por las consecuencias.

Esto también nos lleva a otro asunto, el orgullo de las personas al rechazar la completa liberación del pasado de parte de Dios.

 El olvido calculado del perdón de Dios

 

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