![]() |
| Home |
| Books>Index |
|
|
La Limpieza de
los Recuerdos Geoffrey Bingham |
|
El olvido calculado del perdón de Dios. Hay dos maneras de lograr salvar al orgullo humano, particularmente con relación a la gracia de Dios, la cual ha limpiado completamente los pecados y sus recuerdos. Al 'salvar al orgullo humano' queremos decir que la gracia parece decir, 'Tu, por ti mismo no puedes hacer nada con respecto a los pecados, su culpa, y sus dolorosos recuerdos, porque solo la gracia puede hacer eso'. Esto, por supuesto, es verdad, pero la gracia no le quita dignidad al hombre. Lo redime, y le presenta una elección genuina. Realmente no es humillante. ¿Cuáles son entonces las dos maneras de salvar al orgullo humano de la llamada 'humillación de la gracia'? La primera forma es rechazar simplemente el acto de Dios de la expiación, que mata la dinámica de la culpa causada por los pecados y los recuerdos. La segunda es recibir el don del perdón y la limpieza por medio de la gracia, para luego deliberadamente olvidar el acto de gracia de Dios. Hay un sentido en el cual el amor de Dios nos obliga a la obediencia (Juan 14:15; II Cor. 5:14) para que cuando deseamos desobedecer e ir por nuestro propio camino debamos deliberadamente olvidar el amor de Dios, especialmente como se muestra en y por medio de Su perdón. En Apocalipsis 2:1-7 Cristo reprueba a la iglesia de Efeso por abandonar deliberadamente su primer amor, vale decir, el amor que vino a través del perdón de pecados. En 2 Pedro 1:3-9 hay un poderoso ejemplo de olvido deliberado. Al final de este pasaje en el cual el autor exhorta a sus lectores a agregar una tras otra virtud espiritual y moral hasta alcanzar el amor, él dice:
El verbo olvidar, aquí, es un verbo que indica olvido intencional y deliberado. Un comentario lo explica como 'olvido a propósito,' 'olvido voluntario y culpable' (Commentary on the whole Bible por Jamieson, Fausset, y Brown, Oliphants, Londres, 1961, p. 1487). Dicho de otra manera, 'Si seguimos escogiendo olvidar que fuimos purificados de nuestros antiguos pecados, entonces se salvará nuestro orgullo, pero al costo de nuestra vitalidad espiritual y tranquilidad interior'. De seguro podemos seguir nuestro propio camino, pero el perdón de Dios nos seguirá enfrentando. Con relación a la naturaleza definitiva de la limpieza, el escritor de Hebreos da una excelente ilustración. Refiriéndose a los sacrificios del Antiguo Testamento dice, "De otra manera, ¿no habrían cesado de ofrecerse, ya que los adoradores, una vez purificados, no tendrían ya más conciencia de pecado? Pero en esos sacrificios hay un recordatorio de pecados año tras año." (10:2-3). A diferencia de este modelo y principio del Antiguo Testamento, él contrapone el modelo y principio del Nuevo Testamento: '".. somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo una vez para siempre", "porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre" a los santificados (10:10,14). Por eso él puede decir "teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia", lo cual también podría ser traducido, 'de una conciencia de maldad'. Vemos entonces, como la limpieza y el perdón de Dios son por naturaleza, "una vez para siempre". ¡Todo ha sido tratado con y por medio de Dios en la Cruz y debemos por fe dejarlo así! No debemos desenterrar el pasado ni regurgitar sus elementos. ¡No debemos reciclar nuestros gusanos, por decirlo así! Por qué la gente quiere volver al Pasado. La razón principal y obvia es que algunas personas no saben que la maldad de su pasado ha sido tratada. A estas debemos hablarles de las buenas noticias de la liberación. La segunda razón que hemos visto antes, es que ellos no desean ser obligados a la obediencia por causa del amor mostrado en el perdón. Una tercera razón es que el orgullo no puede aceptar que la gracia ha completado el trabajo de sanar nuestro pasado en un único acto decisivo de la expiación. Nosotros, aún queremos tener que ver en algo con esto. Una cuarta razón y bastante poderosa, es una que se relaciona con la tercera, y es que pensamos que nuestro pasado es un asunto demasiado difícil para terminar con él en forma definitiva por medio de la expiación. ¡En otras palabras creemos que nuestras experiencias del pasado son tan especiales y tan vastas como por lo que están más allá de la capacidad y del poder de la Cruz y de la resurrección! Y eso no es todo. La mayor dificultad yace en el componente de compasión de uno mismo y la ira, donde el sujeto cree que él (o ella) ha sido tratado cruelmente, es decir, que es víctima de cosas tales como la herencia, el ambiente, el cuidado paterno y las circunstancias, y eso, sin mencionar la crueldad y egoísmo de otras personas. Algunos de los que buscan ayudar a personas como estas a menudo son personas de gran empatía y compasión, pero si buscamos bien lo que hay debajo de esto, encontramos que toda la simpatía y compasión puede ser, en realidad ¡para ellos mismos! Dicen, en efecto, 'Siento esta situación profundamente porque si yo estuviera en ella, entonces lo vería de cierta manera', es decir, tendría ira y auto compasión. Algunas personas creen en forma genuina que Dios no ha solucionado su pasado en forma permanente. Ellos pueden creer que Cristo ha llevado sus pecados en su cuerpo sobre la Cruz, pero no que ha llevado sus angustias y sufrimientos. Tampoco creen, "... con sus llagas somos sanados [ahora]" Si lo creyeran, no le permitirían a nadie hurgar en su pasado, ni reciclar sus pecados y sufrimientos. Sacerdotes o proclamadores? Sin duda la iglesia cristiana es un sacerdocio, pero es un sacerdocio corporativo. Comparte el sacerdocio de Cristo, y lo expresa al mundo, pero no es parte de un conjunto de sacerdotes (es decir, no somos individualmente sacerdotes). En su calidad de un sacerdocio corporativo también proclama. Habla de "las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (I Ped. 2:9). La iglesia es, como los reformadores nos enseñaron, 'el sacerdocio de todos los creyentes', el cual, sin embargo no es igual 'al sacerdocio de cada creyente'. Así como el cuerpo de Cristo, la iglesia, somos la expresión del sacerdocio de Cristo. Nosotros proclamamos Su sacrificio, pero no mediamos en él. En Juan 20:19-23 y Lucas 24:36-49 vemos dos descripciones de un mismo evento. En el primero, Jesús dice que a cualquiera a quien los apóstoles le remitan (perdonen) sus pecados, le serán remitidos, y a cualquiera que le retengan sus pecados, le serán retenidos. En el segundo caso, lo anterior se explica por el hecho de que el arrepentimiento y remisión (perdón) de pecados serán proclamados a cada nación. La proclamación de pecados no es magisterial sino ministerial. Los hombres que oyen el Evangelio creerán y recibirán remisión de pecados, y otros rehusarán creer y así les serán retenidos sus pecados. La tendencia en nosotros a ser mediadores y sacerdotes (o sacerdotisas) es muy fuerte. Sin embargo necesitamos ser muy cuidadosos. Nuestra misión es proclamar la Palabra de Dios y, por ende, Su naturaleza, Su creación, y Su redención. Su palabra es inseparable de Él. Separar Su palabra de Él, o intentar mediar en Su gracia, no es nuestra misión. Su Palabra y Su Espíritu harán el trabajo directamente. Debido a nuestra inclinación innata a la aprobación de uno mismo y la justificación de uno mismo, no podemos tratar con objetividad y sabiduría los problemas del corazón del hombre. Los puritanos solían decir, '¡Nunca te entrometas con el corazón del hombre!'. La Palabra de Dios puede tratar estos problemas, porque Dios nunca se aparta de Su Palabra; entonces lo que realmente estamos diciendo es 'Dios tratará estos problemas', o, 'La Palabra de Dios hablará al corazón necesitado'. Aunque en cierto sentido somos agentes de la Palabra, no somos quien habla, ni agentes directos de su acción. Pablo fue muy cuidadoso al hablar esa Palabra diciendo que él no quería robarla de su poder por medio de la elocuencia ni la sabiduría humana, porque él quería que la fe de los hombres no se cimentara en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios (I Cor. 1:17, 2:1-5). Probablemente - en muchos casos - la razón por la cual queremos ir mas allá de la Palabra - o adornarla y persuadir con razones su verdad - es que no creemos en su poder. Incluso queremos mediar por la Palabra con nuestros propios principios y rituales, en los cuales alejamos a las personas de la Palabra y así de Dios. Es por eso que a menudo pensamos que tenemos el derecho, e incluso el deber, de llevar a la gente a recordar sus pecados, buscando aliviar el dolor que provocan, o aminorar la culpa. Esto no es terreno del hombre, sino solo de Dios. Hay un solo mediador entre el hombre y Dios, Jesucristo hombre. No debemos pensar en Dios como si fuera un Dios remoto que sin nosotros no podría "ministrar a una mente enferma". Esta es la pregunta al doctor de la corte en Macbeth: ¿No puedes acaso ministrar a una mente enferma, Arrancar de la memoria una pena corrompida, Extirpar los problemas ya escritos de la mente, Y con algún dulce antídoto olvidadizo, Limpiar el seno rellenado de aquella sustancia peligrosa Que pesa sobre el alma? (Macbeth V iii 40 al 45) Algunas veces tenemos que luchar, incluso con nosotros mismos para que nuestra empatía y compasión humana no se interpongan entre la persona y la obra de Dios con ella o él. Entonces ¿qué pasa con el pasado? ¿No tenemos pasado? Por supuesto que tenemos pasado. Sin él, no tendríamos vida. No tendríamos continuidad desde el pasado, en este presente, hacia el futuro. De este modo no tendríamos esperanza, y en este sentido estaríamos deshumanizados. ¿Estamos entonces buscando evadir los pecados, los errores, y las fallas del pasado y concentrarnos solo en las 'cosas buenas'? Sería difícil para nosotros clasificar las 'cosas buenas', especialmente si entendimos su valor, y la doctrina cristiana del crecimiento y la madurez a través del sufrimiento. No; todas las cosas, buenas y malas, constituyen nuestro pasado y son importantes en nuestro presente, y están enlazadas a nuestro futuro. Es axiomático que un hombre pueda aprender de su pasado. Él necesita experiencias, incluyendo sus fallas para aprender a vivir su vida. Tanto Santiago como Pablo nos dicen que las tribulaciones producen carácter, perseverancia y madurez, especialmente cuando las pruebas son recibidas positivamente. Necesitamos el pasado - no importa como haya sido - porque sin este nada tiene sentido. Al mismo tiempo, necesitamos el pasado limpio de sus elementos peligrosos. Sólo entonces, no seremos víctimas de nuestro pasado. Uno de los grandes temas del Antiguo Testamento es el asunto del arrepentimiento. Su significado es literalmente 'un cambio de mente, o corazón, o entendimiento'- ya que estas tres cosas son en realidad una - necesitamos arrepentimiento antes del perdón. Aunque en el Nuevo Testamento es muy poco lo que se dice acerca la confesión, necesitamos confesar nuestros pecados. Esto no significa que podamos identificar a todos ellos, sino que son nuestras actitudes (cambiadas) hacia ellos que realmente interesa. Si reconocemos nuestros pecados en general, y aquellos pecados que recordamos específicamente, estamos abriendo el camino para que el perdón pueda ser aplicado. Todos aquellos pecados que nos neguemos a reconocer seguirán siendo pecados ya que no recibiremos perdón por ellos. Algunos han tratado de ser perdonados sin arrepentirse antes, por lo que culpan a otros de sus pecados, negándose a sí mismos el sanador perdón de ellos. Hace poco escuché acerca de un hombre que dejó a su mujer para vivir en una relación adultera. ¡Él reclamó contra ella por haberlo echado de su vida con su manera de ser, transformando a él en un adultero! Solo un hombre desesperado usaría un argumento así. Aún más, dijo que ella - en vez de él - sufriría por las cosas que él había hecho, ya que fue ella que le obligó a irse. Todo aquel que ayuda otra persona que está atrapada en su pasado debe evitar conducirla a la compasión de sí mismo o a depositar la culpa en otros, no importando cuanto haya sufrido esta persona en las manos de otras personas. Sólo podría ayudar a una persona a librarse de la tragedia de su pasado cuando la orienta a la expiación y la obra sanadora de la Cruz, y a la presencia y poder de Cristo y el Espíritu Santo. Sólo entonces el proceso será realista y duradero. Por supuesto, los creyentes deben ser animados por la lectura y la proclamación de la Palabra - vez tras vez - a tener un nuevo entendimiento de la gracia de Dios, del perdón y de la justificación. Esto es - tal como lo hemos estado diciendo - el arte de vivir la libertad cristiana. Concluimos que nosotros - cada uno de nosotros - tenemos un pasado. El pasado del creyente ha sido purificado. La memoria de su banco de datos - por decirlo así - ha sido desprovista de su antiguo y pecaminoso prejuicio y engaño, de tal manera que es una cosa nueva. Las cosas buenas del pasado se mantienen, de modo que en el presente el creyente pueda vivir sin ser afectado por los actos malos del pasado. El gozo de una mente y un corazón limpios. Pablo dijo, "Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada es puro; sino que tanto su mente como su conciencia están corrompidas." (Tito 1:15). Jesús dijo: "Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios". De esto concluimos que si no tenemos corazones y mentes limpios, estamos abiertos a las acusaciones y los poderes de la maldad. El nuevo nacimiento - o, como también es conocido, la regeneración - cambia a una persona desde ser una persona caída a ser una nueva criatura (II Cor. 5:17, compara con Juan 3:3-6; Gal. 6:15, Sigo. 1:18, I Ped. 1:23). Esta es la condición de aquellos que han recibido un nuevo corazón (Ez. 36:24-28), es decir un corazón puro. Si el pasado no ha sido purificado, entonces nada es puro hoy. Muchas veces los creyentes tratan de hacer pruebas a ver si tienen el corazón nuevo - algo muy poco sabio. Ellos dicen: 'a mi mente vienen pensamientos impuros. Tengo una mente de alcantarilla', y cosas parecidas. Nadie está libre de ciertos pensamientos, pero cada creyente puede rehusar esos pensamientos como inconsistentes con su nuevo corazón, y eliminarlos al no darles lugar en donde vivir. Se dice que Lutero dijo, 'No puedes evitar que los pájaros vuelen alrededor de tu cabeza, pero ¡sí puedes evitar que aniden en ella!'. La Palabra y el Espíritu de Dios constantemente nos llaman a vivir en un proceso de renovación de nuestras mentes. (Ver Ro. 12:2; Ef. 4:22.24; Col, 3:9-10). Si bien es verdad que nunca estaremos completamente libres de ser tentados mientras vivamos en este cuerpo - con sus cinco sentidos, y en medio de un mundo en que los poderes de la oscuridad trabajan haciendo todo el daño que pueden a través del engaño, la amenaza y la seducción - tenemos que tener en cuenta que un gran poder nos ha rescatado de aquella muerte para servir al Dios vivo. Podemos tener gran paz, alegría, amor y vivir continuamente en ellos. Los puros de corazón - es decir, los que han sido purificados - son los bendecidos. Puede ser una vida maravillosa, no importa el sufrimiento que venga hacia nosotros. Podemos conocer la frescura y la tranquilidad del shalom de Dios, o sea, Su paz. Conclusión: Nuestros recuerdos son purificados y sanados. El resumen de la materia es como sigue:
|
|
| Contact Us | Copyright | Site Map | Teachers |